miércoles, 6 de mayo de 2015

Información al contribuyente del destino de sus impuestos y otras reflexiones

Si has presentado ya tu declaración de la Renta para el ejercicio 2014 (recuerda que el plazo acaba el 30 de junio de 2015) verás como novedad que la AEAT ha introducido una página adicional al recibo de presentación del modelo 100 (la última página), una página donde podrás ver a modo de "política de transparencia" un diagrama sectorial con el porcentaje que se dedica a cada partida pública. 

Bajo la pregunta "¿A qué se dedica cada euro recaudado?" se inserta este gráfico:


Este marco teórico la verdad es que tal cual está así, como marco teórico, está bastante bien, y es un intento de alarde de transparencia por parte de la autoridad fiscal de nuestro país. Sin embargo, el patio no está para que se les tome el pelo a los contribuyentes y si bien el cuadro debe reflejar la realidad aquí viene la gran pregunta: ¿qué porcentaje es el que le corresponde a la corrupción? ¿Un 0,5%, un 1%? 

En este país se ha robado mucho de las arcas del estado con total impunidad desde diría yo el inicio de la democracia. La mejor herramienta que hemos tenido los ciudadanos ha sido Internet, el cual ha permitido dar a conocer a la velocidad del rayo casos de corrupción que en otra época hubieran pasado inadvertidos. Si ha esto le añadimos una crisis económica de por medio, la investigación y el destape de estos casos es ya de por sí una prioridad nacional.

Imaginaos un caso de corrupción en el año 1982 en algún pueblecito de la España profunda. Nadie se enteraría salvo algunos habitantes del mismo y siempre y cuando fuera de cierta entidad la capital de provincia de la demarcación. Imaginaos el año 2015 y ese mismo pueblecito. La cosa cambia, ¿verdad?

Hace tiempo leí un artículo de una universidad española que cifraba en 40.000 millones de euros el "coste social" de la corrupción en España. Y seguro que hay cosas que se escapan y probablemente esa cifra sea tirando para lo bajo. Y a esto han contribuido de manera notable nuestros queridos políticos, aquellas personas que decidieron de jóvenes enfocar su vida a un partido político y eludieron lo que nos toca a los mortales y no digo ya el hecho de tener una carrera universitaria, cursar un máster o aprender idiomas porque hay muchas alternativas profesionales que no lo requieren, sino el simple hecho de ganarse la vida con un trabajo digno y no depender del partido. Estimados amigos, la política no es un trabajo sino una vocación de servicio y por tanto nadie debe ser político si no tiene una profesión consolidada, unos estudios y un trabajo estable previo, si no pasa lo que ya conocemos, ese escenario donde la incompetencia y el poder tienen como factor común al político de  turno. 

Si ya nos ponemos un poco más serios: ¿Qué es eso de políticos sin carrera universitaria? ¿Qué es eso de políticos sin idiomas? ¿Qué es eso de políticos sin trabajo que no sea la propia política? Las Administraciones son las grandes empresas de nuestro país, ¿cualquiera las puede gobernar? Pues va a ser que no, aunque hasta ahora haya sido de esa manera porque no es lo mismo un empresario que se crea así mismo y a su propia empresa con sus propias recursos (remarco, su propio dinero) que un político que no sabe hacer la O con un canuto, que habla de leyes sin saber nada de derecho y que va a gestionar dinero que no es suyo sino de todos y que además lo hace dando lecciones de moralidad porque no es que sea sino que se cree el más listo, el más alto y el más guapo. 

Unos cuantos años atrás los políticos eran considerados personas honorables casi con el mismo rango que los notarios y los ingenieros de Caminos. Reflexionando sobre esa afirmación que he oído varias veces me toca decir: ¿honorables por qué? ¿Por aprobar la oposición o la carrera tan difícil que se han sacado o por asegurarse una vida de comodidad ejerciendo bajo la ineptitud? Más bien será por lo segundo. 

En este vídeo podrás ver una reflexión de 1 minuto sobre el asunto que no te va a dejar indiferente:




El otro día escuché a un miembro del gobierno decir que el presidente de nuestro Gobierno podría ganar mucho más ocupando su plaza de Registrador en Santa Pola que su puesto de presidente y que no lo hace porque quiere contribuir al crecimiento de España. Y entonces recordé ese dicho que dice "nadie da duros a cuatro pesetas", si él quiere estar ahí por algo será, o a ver si ahora, simple y llanamente y después de todo nos van a tomar a los ciudadanos por tontos. Quizá se crea que no nos damos cuenta de la vida que probablemente le esperará al terminar la legislatura donde entre pitos y flautas en 5-6 años ganará todo lo que no hubiera ganado en su vida de Registrador (al menos viendo la trayectoria de sus antecesores en el puesto).

Y esta reflexión viene a resumirse en que los mercados son como el gráfico de arriba, modelos teóricos imperfectos, por mucho que haya gente que se empeñe en decir lo contrario. 

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